
14. La subasta “inhumana” de las viviendas sociales de San Antonio
El 15 de julio de 2014, el Auditorio Teobaldo Power de La Orotava se convirtió en el escenario de un drama humano que desafió la esencia misma de la justicia social. En un acto cargado de emoción y controversia, la primera promoción de 65 viviendas sociales del barrio de San Antonio fueron sorteadas entre 435 familias demandantes, todas merecedoras, todas esperanzadas, pero solo unas pocas seleccionadas por el caprichoso dedo del destino. Una vergonzoso espectáculo dantesco auspiciado por Coalición Canaria, con la connivencia de Partido Popular y PSOE.
El primer bloque de viviendas sociales de San Antonio
Después de casi tres años de haberse completado su construcción, se sortearon las 65 viviendas de la primera promoción de viviendas sociales en San Antonio. Aquel día, un derecho humano básico y fundamental fue tratado como si fuera un premio de lotería por el Gobierno de Canarias, con la complicidad del Ayuntamiento de La Orotava, mostrando una aparente insensibilidad ante la precariedad y exclusión que sufría —y sufre— una gran parte de la población.

El evento no fue más que un capítulo en el desafortunado mercadeo de votos: las familias tuvieron hasta diciembre de 2011 para inscribirse como demandantes de alguna de las 65 viviendas, pero su adjudicación no se realizó hasta tres largos años después, con cientos de familias soportando la angustia de desahucios, alquileres prohibitivos y viviendas inadecuadas. El proceso se extendió innecesariamente, posiblemente con la intención de sincronizarlo con las elecciones de 2015, que se avecinaban en diez meses.
La agonía de la espera
Ese día, La Orotava vivió una situación lamentable y vergonzosa. El ayuntamiento y el gobierno regional rodearon el evento con un despliegue de seguridad excesivo, incluyendo cuerpos de seguridad del estado y hasta un helicóptero de la Guardia Civil, tratando a la ciudadanía sin recursos de una manera que muchos consideraron humillante.

El sorteo, previsto para las once de la mañana, se retrasó casi dos horas, un lapso que se sintió como una eternidad para aquellas personas cuyos nombres serían llamados a viva voz. Una a una, con nombres y apellidos, las personas aspirantes a una vivienda social entraban al auditorio, recibiendo un número que sellaría su destino. Las personas que solicitaban su derecho a una vivienda fueron obligadas a entrar solas al sorteo, sin acompañamiento, independientemente de su edad o capacidad.
Una protesta pacífica contra la lotería de la vida
“Que sea la fortuna la que decida…”, pronunció el notario, palabras que resonaron como un eco sombrío en los corazones de las y los presentes. Una aplicación informática se encargó de seleccionar números de forma aleatoria, transformando el derecho a una vivienda en un número más en la ruleta de la vida.

Mientras tanto, fuera del auditorio, el resto de familiares (una multitud de unas 400 personas) se congregaba a la espera de ver salir a su familiar con un llave o con lágrimas de desesperación. La recién conformada plataforma “Asamblea Vecinal de La Orotava” portaba pancartas y carteles y, con su protesta pacífica, esta plataforma se erigía como la voz de la cordura ante la pesadilla dantesca se estaba viviendo.
Sonrisas y lágrimas
Al finalizar el sorteo la humillación y la decepción se acrecentaba. La desesperación eran palpables entre aquellas familias que no resultaron favorecidas. Tras la última vivienda sorteada, familias enteras de envolvieron en llanto al ver esfumarse su última esperanza de acceder a una vivienda digna.
«Al final del sorteo, una mujer mayor lloraba sola, desconsolada, en la butaca donde se sentó con la esperanza de lograr una vivienda. Al mismo tiempo, una niña de nueve años también lloraba sin control, abrazada a su padre, pero por la alegría de tener casa. Un contraste brutal».
Raúl Sánchez. El Día, 16/07/2014
Este contraste emocional subrayó la división creada por el sorteo, desviando la atención de las responsabilidades del Gobierno de Canarias y de los partidos políticos involucrados en este espectáculo.

El sorteo chocó directamente con la realidad del problema habitacional en La Orotava y, por extensión, en toda Canarias. Mientras más de 500 familias en el municipio solicitaban una vivienda debido a la falta de recursos, un número indeterminado de viviendas vacías, no ocupadas, que, en todo caso, era (y es es a día de hoy) superior a las 1.500, según un estudio que realizó el Grupo de Investigación sobre el Subdesarrollo y el Atraso Social (GISAS) de la Universidad de La Laguna.
El derecho a una vivienda digna: un sorteo en un teatro
Con la asignación de estas pocas viviendas y el anuncio de la próxima construcción de más viviendas de protección oficial —aunque Coalición Canaria sabía que era improbable la construcción de más en los años siguientes—, se intentó poner un simple parche a la profunda herida social que representaba la falta de vivienda. Este acto no resolvía el problema de fondo, sino que servía como una herramienta más de propaganda política, intentando silenciar las demandas de las y los más necesitados con promesas vacías.
El artículo 47 de la Constitución garantiza el derecho a una vivienda digna y adecuada, un derecho que aquel día se sorteó en un teatro, ante la mirada de una sociedad dividida entre la compasión y la indignación, entre la esperanza y la desesperación.
Este recuerdo sirve como un recordatorio de la lucha continua por el derecho a una vivienda digna y la necesidad de políticas que realmente atiendan a las necesidades de la población de La Orotava.